Una de minas, polvo y arena

En algún momento camino del norte, Chile se vuelve monocromático y un color marrón arenoso lo envuelve todo. No en vano, nos encontramos en Atacama, el desierto más árido del mundo. No sé en que momento se produjo la transición, pero al despertar en la primera fila visión panorámica del segundo piso del flamante Atacama Vip, en el que ha sido el palizón autobusístico nº1 del viaje, durante las 10 horas de viaje diurno del trayecto por la panamericana, cerros secos, dunas y campos agrietados monopolizaban el paisaje.

Vista casi exclusiva de la panamericana por el norte de Chile.

Vista casi exclusiva de la panamericana por el norte de Chile.

El destino era Calama, un anodino enclave perdido en la provincia del Norte Grande de Chile. No obstante, el motivo de la parada era su próximidad con Chuquicamata, el yacimiento minero a cielo abierto de mayor profundidad del mundo. Dedicado a la explotación del cobre, del cuál Chile con más del 30% es el primer productor mundial, fue además hasta el 2007 un campamento minero donde residían los trabajadores y sus familias (llegó a alcanzar una población de 20.000 habitantes). Como valor añadido, cuentan que de camino a Chuqui tuvo lugar un acontecimiento que habría de tener una gran repercusión para la industria de las camisetas: al parecer, en su viaje con Alberto Granado, el Che se encontró con un comunista y dicho encuentro suele considerarse como un punto de inflexión en su naciente concepción política.

Llegué, más de 20 horas después de dejar Valparaíso, cerca de las diez de la noche. Por si alguien necesita pruebas sobre la seguridad existente por estos lares, con ánimo de estirar las piernas estuve vagando por calles desoladas durante más de una hora, sin señal de amenaza alguna, hasta que me topé con un hostal de precio razonable. Entiéndase por precio razonable un máximo de 10 $ por noche para una edificación destinada al alojamiento que, independientemente del estado de sus paredes, infraestructura e infamia decorativa, garantiza sábanas limpias y agua al menos templada.

En Calama no había mucho que hacer, así que hasta la una, momento de tomar un colectivo (especie de taxi compartido que tiene siempre un destino fijo) hacia Chuquicamata, pasé el tiempo paseando y charlando con algún que otro lugareño sin mucho éxito comunicativo.

Aconsejado por una lugareña de Calama, recorrí 2 kilómetros para acercarme a un museo y me encontré con esto.

Aconsejado por una lugareña de Calama, recorrí 2 kilómetros para acercarme a un museo y me encontré con esto.

Ya en la entrada de la mina había que esperar a que nos recogiese un autobús de CODELCO, la compañía dedicada a su explotación, que ofrece una visita gratuita. Tuve suerte ya que al parecer la mina se ha convertido en un foco de atención (recibe más de 40.000 visitantes al año) y si no se ha reservado previamente hay que esperar, como yo hice, a que alguien no se presente para ocupar su plaza.

La visita que se realiza es de carácter pedagógico, aunque fue mucho más amena que aquellas torturas a las que nos sometían en 5 de carrera. En primer lugar no llevaron al poblado, ya deshabitado, donde nos explicaron el proceso de obtención del cobre y las condiciones de vida de los trabajadores. Posteriormente, ya con casco en la cabeza, nos desplazamos al propio yacimiento. Con unos faraónicos 4,5 km de largo, 3,5 km de ancho y 855 metros de profundidad, la vista era espectacular. También eran impresionantes los camiones dedicados a transportar el material, auténticos gigantes con ruedas de 3 metros de diámetro capaces de transportar más de 440 toneladas de roca, aunque por desgracia no nos dejaron acercarnos a ninguno de ellos.

imagen-1-055

En la foto no se puede apreciar, pero esa rueda era casi el doble que yo de alto

En la foto no se puede apreciar, pero esa rueda era casi el doble que yo de alto

Al finalizar la visita, el autobus nos volvió a dejar a la entrada de la mina. Me distraje un momento y cuando me dí cuenta todos los colectivos ya habían abandonado el lugar. Por suerte, una lugareña me ofreció amistosamente una plaza en el maletero de su coche y me ahorré el recorrer a pie los 17 sofocantes kilómetros de regreso a Calama.

Anuncios

0 Responses to “Una de minas, polvo y arena”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




Categorías

abril 2009
L M X J V S D
    Oct »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

Contador de visitas

  • 6,426

A %d blogueros les gusta esto: