Érase un desierto de sal

El viaje desde San Pedro hasta Uyuni, de dos días y medio de duración, es la forma más común en la que los viajeros transitan desde Chile hasta Bolivia, nada extraño si se tiene en cuenta que ofrece en el camino, creo yo, uno de los parajes naturales más sorprendentes que se puede contemplar en el mundo, el Salar de Uyuni.

Lo de innovar y buscar rutas alternativas me lo voy a dejar para cuando vaya por el cuarto o quinto pasaporte. De momento me conformo con hacer lo que todo hijo de vecino de modo que, siguiendo la caravana viajera, contraté el tour estándar en una de las múltiples agencias de San Pedro, asegurándome eso sí de que era una de las que presentaba un historial más limpio en conductores borrachos y vehículos pleistocénicos. El viaje en sí se realiza en un 4×4, recorriendo durante los dos primeros días el altiplano boliviano entre volcanes, montañas, lagunas, desiertos y géiseres hasta llegar en el tercer día a Uyuni tras una breve estancia en el salar.

En un minibus partimos temprano un grupo de 12 para pasar los trámites fronterizos. Las nacionalidades eran las siguientes, a saber: 2 holandesas mastodónticas de 19 años mis papis me pagan el viaje, una pareja acarameladita de chilenos que iba totalmente a su bola, una austríaca ya entrada en años asfixiada entre tanto veinteañero, una terna de israelíes de dos chicas y su inefable cabecilla, un brasileño que estaba liado con una de las israelíes y se había adjudicado un pack 3×1, una alemana ciertamente autista y una suiza que, unidos por las circustancias, fue la única por la que a desarrollé algún tipo de afecto.

En primer lugar nos detuvimos en la frontera de Chile. Había oído historias de auténticos destrozos, pero al final todo consistió en una breve inspección manual en la zona de los calcetines de la mochila. Luego recorrimos unos 30 km por tierras desérticas, subiendo hasta alcanzar cerca de 4.500 metros, hasta llegar al control fronterizo boliviano, digno de mención porque consiste en un par de casuchas situadas en medio de la nada al pie de los imponentes montañas. No sé porque me da a mí que los chilenos no deben andar muy desprovistos de farlopa.

Puesto boliviano de control fronterizo

Puesto boliviano de control fronterizo

Efectuados los trámites, nos debíamos dividir en dos grupos de 6, que es la capacidad de los indestructibles Toyotas en los cuales íbamos a realizar la travesía. El líder de los israelíes mostró un inusitado afecto por mí, que escondía únicamente su interés en que hiciese de intérprete, pues el conductor, que presuntamente habría de hacer las veces de guía, quechua aparte, sólo chapurreaba español. No sabiendo entonces la que me esperaba me era indiferente la compañía y acepté su invitación, quedando el grupo configurado por los tres israelíes, el brasileño, la suiza que se había quedado en tierra de nadie y yo. De todos modos en las sucesivas paradas y en los alojamientos a fin del día nos encontrábamos con la gente del otro coche y también con la de otras agencias que realizaban el mismo recorrido.

Nuestro fiel Toyota demostró con creces porqué le llaman todoterreno

Nuestro fiel Toyota demostró con creces porqué le llaman todoterreno

La primera parada, pocos kilómetros después fue la Laguna Blanca, de unos 10 km cuadrados de extensión y que como su nombre indica tiene un color blanquecino debido a su alto contenido en minerales. Allí pagamos la entrada a la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa, que comprende todo el teritorio que íbamos a recorrer los siguientes días, y nos empezamos a familiarizar con la ecuación desayuno= café+pan+mantequilla que nos acompañaría en lo sucesivo. Conectada con la Laguna Blanca se encontraba la Laguna Verde, escasos metros más allá, que presenta un curioso y bonito color verde esmeralda debido en este caso a las altas concentraciones de cobre. Sus aguas eran un espejo inmejorale donde se reflejaba el volcán Licanbur, que también se divisaba desde San Pedro, y que con sus 5.900 constituye uno de los volcanes activos más altos del mundo.

Por su color la reconoceréis

Por su color la reconoceréis

El largo rato que pasamos en el jeep hasta el siguiente punto sirvió para constatar dos hechos complementarios:

– el conductor, que además se suponía que nos debía ir explicando los diferentes puntos del trayecto, no hablaba. Cuando como único portavoz hispanohablante del grupo le hacía preguntas respondía con monosílabos y miraba con mala cara. Era como una especie de GPS con acento boliviano que se limitaba a anunciar las distintas paradas. Casi hubiera sido preferible que bebise si eso hubiera servido para que nos contara algo del lugar.

– lo que no hablaba el guía lo hablaba el cabecilla de los israelíes, que se desveló como un lenguaraz impenitente del tipo ombligocéntrico. Para colmo de males, era además un fanático de la canción, especialmente de Eurovisión (sic), y en los raros ratos en los que no hablaba le daba por cantar. No obstante, lo peor eran las conversaciones cruzadas entre los tres. Aparte del hecho de que pudiesen estar hablando durante un buen rato en entre sí sin hacer el mínimo esfuerzo por incluirte en la conversación, no sé si es que el hebreo favorece el acoplamiento de las ondas sonoras, eran incapaces de hacerlo en un tono normal.

De esta guisa, por caminos accidentados y entre los vaivenes del coche llegamos al Desierto Salvador Dalí. Se trata de una extensión árida y despejada en la que aparecen curiosas formaciones rocosas que guardan poca relación con el paisaje, confiriendo un tono surrealista similar a algunos de los cuadros del pintor catalán. Al parecer en Holanda deben tener algo equivalente a la LOGSE, pues me resultó imposible convencer a las holandesas de que el lugar tomaba ese nombre por asociación y no porque Dalí hubiera estado allí y hubiera retratado el escenario.

Desierto Dalí. No es una buena toma para hacerse una idea.

Desierto Dalí. No es una buena toma para hacerse una idea.

Las últimas paradas del día fueron Aguas Calientes (no confundir con su homónimo peruano a los pies del Machu Pichu), donde nos dimos un agradable bañito en un pequeño embalse de aguas termales que además sirvió para cumplir con las obligaciones higiénicas del día, y una nueva esnifada de azufre en una zona de géiseres, en el punto más alto del recorrido (4850 msnm) conocida como Sol de Mañana, donde me quemé las manos por gilipollas. Finalmente, a eso de las 15:00, llegamos al refugio donde habríamos pasar la noche, situado en una nueva laguna, la Laguna Colorada, con unos 60 km de extensión pobladados por miles de flamencos. El refugio era una instalación muy sencilla que apenas contaba con servicios básicos y estaba gestionado por una familia de cholos. Eran todos tímidos y reservados. Siempre con la mirada perdida, caminaban envueltos en una melancolía y tristeza como queriendo no desentonar en el paisaje. Tras la comida caminamos rodeando la laguna durante unas horas hasta que el sol empezó a despedirse y, casi corriendo, tuvimos que regresar para protegernos del frío. Después de cenar, una vez que llegamos a un consenso entre las distintas variaciones que para un mismo juego existen en los diferentes países, sólo hubo tiempo para unas partidas de cartas antes de que apagaran el generador eléctrico a eso de las 21:00. De todas formas, la temperatura que en aquel momento ya debía estar bajo cero, hacía que el único lugar habitable fuera debajo de las mantas.

Árbol de piedra“, anunció el conductor en la primera de sus cuatro frases del día. Nos encontrábamos en el Desierto de Silioli, donde durante miles de años la erosión del viento y la lluvia ha esculpido figuras caprichosas en rocas volcánicas entre las cuales se destaca una con forma de árbol. “Laguna Hedionda”, espetó en su segunda. En este caso la laguna no tomaba el nombre de su color sino del hedor a azufre que desprendía que a los flamencos parecía no importar. Sin detenernos, atravesamos una zona conocida como el Valle de las Piedras donde el desierto había dado lugar a piedras y rocas enormes que conformaban paredes a ambos lados del camino. Observé con preocupación como el conductor se había picado con el del otro coche y nos estaba conduciendo por terrenos menos accesibles. Al final, su afán por “soplar” al otro conductor, como ellos dicen, sólo supuso unos cuantos tembleques adicionales y llegamos enteros a Villa Alota donde paramos para comer.

Que gran fustración el no conseguir escalar el árbol de piedra

Que gran fustración el no conseguir escalar el árbol de piedra

Por la tarde tuve un brote de antisemitismo que apenas pude reprimir. Teníamos que cubrir una gran distancia para llegar hasta Chuvita, una pequeña población al borde del salar, antes de que se pusiera el sol. Por ese motivo apenas hicimos paradas, lo que supuso tener que aguantar a los israelíes más de lo soportable. En un punto del recorrido atravesamos una zona de cultivo de quinoa, cereal básico en el período incáico, y los tres, que eran vegetarianos, se empalmaron simultáneamente y empezaron a vociferar sin tregua durante por lo menos una hora. Me giré, pues según la distribución de turnos me tocaba el asiento delantero, y ví como la suiza suspiraba mientras se colocaba sus auriculares. Siguiendo su ejemplo, me disponía a hacer lo propio cuando descubrí horrorizado como éstos habían muerto aplastados en el fondo de la bolsa. Si hubiera tenido un pañuelo palestino me lo hubiera enfundado. Si hubiera conocido un discurso hitleriano lo hubiera declamado. Al final, justo en el momento límite de mi resistencia, nos detuvimos en un poblado abandonado. Salí corriendo del coche y me alejé unos metros para tomar un poco de aire. Luego me encontré con la suiza y nos miramos como quien sobrevive un terremoto.

¿Estarían expectantes a que nos la pegásemos?

¿Estarían expectantes a que nos la pegásemos?

En la mañana siguiente, tan sólo unos minutos después de partir, nos encontrábamos en medio de 12.000 kilómetros cuadrados de sal, en un terreno totalmente plano y blanco. Bienvenidos sean los cambios climáticos, resulta difícil de imaginar que esta extensión infinita de sal, situada a 3.700 msnm, sean los restos de un mar primitivo que llenaba todo el altiplano hasta el lago Titicaca. “Si no puedes llegar a la luna, visita el salar“, aconsejan los lugareños. Tal es la dimensión del lugar que cuentan que cuando Armstrong y Aldrin contemplaron la Tierra desde la Luna, confundieron por un momento la enorme mancha blanca del salar con la Antártida.

Una de muchas otras fotos haciendo el tonto en el salar

Una de muchas otras fotos haciendo el tonto en el salar

El lugar es increíble. Seguimos boquiabiertos durante un buen trecho hasta que en el horizonte se empezó a divisar una mancha oscura. Se trataba de la Isla Pescado, una masa rocosa con forma de pez recubierta de cactus gigantes, que pueden superar los 10 metros, y de restos de fondo marino como conchas, coráles y fósiles. Recorrimos un sendero de la propia isla hasta alcanzar la cima para tener una panorámica privilegiada. El Salar es la definición geográfica de la nada. Volvimos a bajar y nos adentramos en el tapiz blanco para experimentar la sensación de estar en otra dimensión.

La espinosa Isla Pescado

La espinosa Isla Pescado

El conductor me dió permiso y el camino hacia la última parada del salar lo hice subido en el techo del 4×4, pasando más frío que otra cosa. Esta última parada era ni más ni menos que un hotel hecho completamente de sal, desde los ladrillos de las paredes hasta las mesas y las sillas. Desde allí, previa parada en un pequeño pueblecito donde los lugareños se esforzaban desesperadamente por endosarte alguna artesanía tradicional, llegamos a Uyuni aproximadamente a la hora de la comida. Sin mucho atractivo turístico, lo más llamativo de este primer contacto con un escenario urbano boliviano fue sin duda la gran diversidad de etnias y culturas que se manifestaba sobre todo en la infinidad de atuendos con sus coloridos y componentes diferenciados.

Caminamos un rato por las calles, comimos y fue ya por la tarde, dentro de un nuevo vehículo camino de Potosí, donde recuperé mi preciada soledad con la imagen del salar todavía en la retina.

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1 Response to “Érase un desierto de sal”


  1. 1 fnx.pw julio 5, 2016 en 11:31 pm

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